Lenguaje claro y amable
Elige palabras simples, sin jerga innecesaria, y evita ironías difíciles de traducir culturalmente. Si propones una pregunta, da un ejemplo breve y respetuoso. Revisa que los materiales sean accesibles, con buen contraste y lectura rápida. Pregunta si alguien necesita adaptación y ofrece alternativas con naturalidad. Corrige en privado, reconoce en público. Este cuidado evita malentendidos y microvergüenzas. Además, amplía la participación de quienes aprenden el idioma o procesan información más lentamente. Un lenguaje amable prepara acuerdos más estables y relaciones que resisten la presión del calendario.